Una iglesia en misa continua para proteger a una familia Armenia en Holanda

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La Haya (AFP) -

Más de 500 pastores se relevan día y noche para los oficios religiosos en una pequeña iglesia protestante de una tranquila calle de La Haya, en Holanda, para evitar la expulsión de una familia armenia, refugiada ahí desde octubre.

Haryarpi Tamrazyan, de 21 años, llegó a Holanda hace nueve años, acompañado por sus padres, su hermana de 19 años y su hermano de 14 años.

Cuando las autoridades rechazaron la última demanda de asilo de la familia, dejaron su casa en los alrededores de La Haya para instalarse en la iglesia y así evitar ser expulsados hacia Armenia.

En Holanda, la policía no puede entrar en un lugar de culto durante un oficio religioso. Por eso, la iglesia decidió ayudar a la familia organizando misas sin parar.

'La familia Tamrazyan llamó a nuestra puerta una noche, con pánico, y nos pidió acogerla durante una noche y protegerla de la policía', cuenta Derk Stegeman, pastor y portavoz improvisado de la iglesia.

El pequeño lugar de culto es objeto de una atención creciente en los medios y en las redes sociales, donde no paran los mensajes de apoyo al 'acto de bondad' de la iglesia de la calle Thomas Schwenckestraat.

La familia armenia, que desea quedarse en Holanda, se hospeda en el primer piso del lugar de culto desde el 25 de octubre, fecha en la cual empezaron las misas, atrayendo a muchas personas del barrio y del país.

'Actualmente, tenemos a 500 pastores inscritos para celebrar las misas', se felicita Derk Stegeman, que se prepara para dar misa durante seis horas cuando anochezca.

'Es increíble lo que puede hacer la solidaridad de la gente' agrega a la AFP.

Las autoridades holandesas de inmigración (IND) declararon no querer comunicar sobre el asunto.

El ministro de Justicia está facultado para conceder excepcionalmente el derecho de asilo a un menor que es objeto de un procedimiento de expulsión.

La historia de la familia Tamrazyan se hizo eco de un caso que conmovió profundamente a los holandeses en septiembre, cuando dos adolescentes armenios, cuya expulsión prevista a Armenia había causado gran emoción, pudieron finalmente permanecer en el país.

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