Las vacas, del techo al plato por el Aid al Kebir en Pakistán

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Karachi (AFP) -

Algunas pasan por las azoteas, pero todas terminarán asadas. En Karachi, la ciudad más grande de Pakistán, casi medio millón de vacas, cabras y camellos serán vendidos o abatidos por el Aid Al Kebir, la fiesta del sacrificio del islam.

Syez Ejaz Hasan tiene un edificio de cuatro pisos en un barrio de clase media de Karachi, donde viven más de veinte millones de habitantes. Pero este empresario no tiene terreno donde criar al ganado.

Así que cada año, trae vacas jóvenes y las hace subir por la escalera del inmueble, donde les espera heno, agua y alimento. También se han dispuesto pedazos de tela, bastante grandes, para hacerles algo de sombra.

Un año después, alquila una grúa para poder bajar a las vacas, ya maduras, antes del Aid al Kebir, la fiesta más importante del islam.

Con las cuatro patas bien atadas, el animal es transportado hasta la calle. Unos refunfuñan, otros se dejan hacer tranquilamente, con una docilidad impresionante. El sábado, seis vacas cayeron del aire, bajo la mirada embelesada de los transeúntes.

'Las crié con esmero y amor' como un 'legado del profeta Abraham', explica Hasan, de 56 años. Aunque sea necesario, su sacrificio 'duele', agrega.

La carne se repartirá entre sus familiares y personas necesitadas, como manda la tradición del Aid al Kebir (gran fiesta) o Aid al Adha (fiesta del sacrificio), que conmemora la sumisión a Dios por parte de Abraham, dispuesto a matar a su hijo, que sustituido en el último momento por un cordero.

- Pulseras y henna -

Otro medio millón de vacas, cabras, toros y camellos serán vendidos en un gran mercado de animales del norte de Karachi. La mayoría, serán sacrificados por el Aid.

Algunos llevan campanas, pulseras en las patas o flores en el cuello para atraer compradores.

Muchos tienen el pelaje anaranjado, tintado con henna, se arrastran, pacen o se hacinan en los charcos de agua, mientras miles de compradores y vendedores negocian.

El tono de las discusiones es más bien seco, con los granjeros reclamando 'precios exorbitantes' por sus animales, 'casi el doble' de los de 2018, según Syed Zeeshan, de 27 años, que lleva ya varias horas en el mercado pero no logra encontrar nada que se adapte a su presupuesto.

Con una inflación de dos cifras y la depreciación de la rupia paquistaní, los precios se han disparado este año. El Gobierno del primer ministro, Imran Khan, decidió además aumentar los impuestos y varias tasas, lo que presionó aún más a la población.

Pese a la subida de precios, este fin de semana se vendieron unos 80.000 animales, de los 350.000 que llegaron desde el campo, aunque el sacrificio no sea hasta dentro de diez días, según un organizador, que espera que antes del Aid se hayan vendido 600.000 ejemplares.

Los precios variaban entre las 50.000 y los 10 millones de rupias (entre 280 y 56.000 euros).

Para destacar entre el resto, algunos propietarios le dan a sus animales unos nombres sorprendentes.

Un toro se llama Trump. 'Tiene el mismo tamaño y la misma distinción que el presidente estadounidense', ironiza Zakri Abro, uno de los organizadores.

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