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Dos semanas antes de las elecciones generales

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ZETA, (CRISTÓBAL SILVA).- Estamos a unos escasos 15 días de expresar en las urnas las preferencias y decisiones de cuatro millones de panameños que vuelven, tal como lo hacen cada cinco años, a escoger las nuevas autoridades que se encargaran de la administración del próximo gobierno nacional.

Este proceso electoral, en virtud del nuevo código electoral, ha sido atípico respecto a lo que se acostumbraba antes.

Restricciones en el gasto y campañas relativamente cortas, que impiden que los ciudadanos lleguen a conocer a fondo a los candidatos y sus propuestas, ha sido la tónica.

El Tribunal Electoral, el cual mantiene un control absoluto de todo el proceso, introdujo la modalidad de los denominados debates entre los candidatos presidenciales, que a la postre resultaron meros conversatorios estilo la presentación de una tesis de graduación en la Universidad, sin decir en cual.

A pesar que se dice mucho que este es un proceso requerido para mantener la democracia en nuestro país, en realidad a lo que se refiere es a una nueva lucha por el poder político.

La intervención del poder económico para favorecer a sus candidatos preferidos en función de mantener sus opciones de control en el quehacer nacional es evidente, y genera el comportamiento conocido como el clientelismo electoral, el cual es necesario erradicar aunque es una tarea difícil en virtud de la cantidad de dinero que se mueve para mantenerlo.

Los ciudadanos, sometidos por sus frustraciones y necesidades económicas, están sujetos a aceptar toda clase de dádivas y prebendas para sacar, como me dicen algunos, “del gato aunque sea un pelo”.

Los siete candidatos presentados, en sus conversatorios han mencionados algunos de los problemas que agobian al país; la deficiente prestación de los servicios médicos, deficiencias en el sector de educación, inseguridad, el agro y hasta la falta de agua potable en muchos sitios.
Pero en esencia, el tema central al que le dedicaron la mayor cantidad del tiempo fue a la corrupción, tema que para el ciudadano común no le resuelve sus necesidades y por eso no le interesa mucho.

¿Como luchar contra la corrupción? La forma más eficiente es recreando el Estado de Derecho que está colapsado. Sin una administración de justicia, en la que las leyes no sean tergiversadas y utilizadas para la persecución política, tema conocido como “lawfare”, no habrá forma de tener paz y una seguridad de castigo al que sea encontrado culpable en estricto derecho.

Por lo tanto, es preciso elegir un próximo presidente que asegure una renovación de la institucionalidad general del país, convocando un Gran Concordato para lograr el llamado a una Asamblea Constituyente en la cual el pueblo participe de forma efectiva y directa.

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Cristobal Silva