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La revolución del Covid-19

ZETA, (JULIO BERMÚDEZ VALDÉS).- Aunque no ha promovido el cambio de poder de unas manos a otra o de una clase a otra, la pandemia del COVID 19 ha puesto tan en evidencia las falencias del sistema, que por su alcance sería impensable en la sobre vivencia de viejas estructuras y conceptos, predominantes hasta hace unos pocos meses atrás.

Solo hace algunos años, las movilizaciones de mayorías sociales orientadas por partidos o de manera espontánea, o la promoción de acciones golpistas por determinados sectores de clases, eran los motores de cambios, los tubos de escapes a las crisis que encaraba la sociedad.

Por estos días sin embargo, no ha hecho falta líder con megáfono en mano para demostrar desigualdades, falta de equidad, o sencillamente atrasos, por lo menos en los sistemas sanitarios de casi 200 países.

Sencillamente un virus, al poner de rodillas a la humanidad, parece haber preguntado a los Estados si estaban preparados para una pandemia como la que vive el mundo por estos días.

Basado en una estructura de desigualdades, varios gobiernos, entre ellos el de Panamá, han corrido a implementar planes dirigidos a proteger a los más vulnerables ante COVID-19, pero los resultados varían de acuerdo a las políticas que cada país ha implementado en los últimos años.

¿Y por qué los grupos mas vulnerables? Precisamente porque las desigualdades sociales los colocan en desventajas ante la pandemia, económicas, sociales y políticas. Pero de igual manera porque si sucede, por ejemplo, como la tragedia de Italia, no habrá quien escape a la onda expansiva del pequeño criminal, sin importar de qué clase se trate.

Lo que demuestran los hechos, como ya lo han hecho en otros momentos recientes, es que hay esquemas que se agotaron. El papel del Estado en la salud pública -por ejemplo- no puede seguir siendo una suerte de filantropía, que por lo demás deja sin piso la importancia que requiere abordar de manera integral el problema.

Los costos de los medicamentos, los equipos médicos, la política de salud pública no puede seguir a condición de curar enfermedades sino prevenirlas, como lo indicaba el viejo libro del doctor José Renán Esquivel.

Esta mañana Jorge Luis Prosperi Ramírez, en La Estrella de Panamá, dice -y con razón- que “Ha hecho falta una pandemia descomunal (…) para que la humanidad comprendiera la necesidad de invertir en el desarrollo y fortalecimiento de sistemas de salud resilientes..” y añade este médico: “Panamá no ha escapado a este triste escenario. Hemos aportado cerca de 4000 casos y más de 100 defunciones, nuestro sistema de salud está en peligro de colapsar, si no mantenemos las medidas impuestas, y el impacto en la economía nacional es evidente”.

El papel del Estado tiene que ser reforzado, pero no con pequeñas reformas sino con cambios radicales que reflejen la jerarquía que posee el tratamiento integral de una cuestión social por encima de ciertos privilegios que solo sirven a ciertos sectores y dejan sin nada a la mayoría.

Eso no puede seguir así.

Pero diagnósticos presentados, I. Robero Eisenmann dice en su columna habitual de los viernes que hay que ser creativos, al tiempo que propone una serie de medidas que, sin entrar a considerar si son buenas o malas, sugieren cambios, nuevas acciones.

“Además del salario mínimo establecido por la ley, inventemos otro “ingreso participativo”, propone, en el que “Toda empresa que instale un sistema de participación que podría ser un porcentaje de la venta neta (no menor de 5%) repartible entre todos sus empleados por igual, o un porcentaje de la utilidad neta (mínimo 40%), luego de separar un razonable sueldo al capital (no mayor al 15%) repartido a todos los empleados , y todas aquellas empresas que permitan a todos sus empleados comprar hasta el 40% de acciones de su capital (a no más del valor en libros).”

O , asimismo en las medidas post pandemia: “Las empresas que empleen más personas que las que tenían antes de la crisis, recibirán durante los próximos 24 meses un crédito en el impuesto sobre la renta, equivalente al 50% del salario.

Lo que COVID19 ha hecho es abrir espacio a un debate donde se reconoce la necesidad, y hasta la urgencia del cambio. ¿Será por consenso?

Hay quienes piensan que eso no es posible, pero la tragedia misma de COVID 19 demuestra que ante la amenaza colectiva son posibles los acuerdos colectivos, aunque haya sus excepciones.

Cierto es que el sistema lleva en su seno las contradicciones que por un lado reclaman el cambio y otras que se le resisten, aun cuando debiera ser el consenso lo que pudiese ayudar a determinar el rumbo, pero -utopía demostrada-, se trata de los gobiernos, de sus dirigentes, de la evaluación categórica de la realidad para saber que así como ha prohijado muertos en el mundo, el covid-19 ha puesto en sus manos la posibilidad de cambios urgentes, ante situaciones que atentan contra la propia civilización. (JBV)

Julio Bermúdez Valdés