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China y Latinoamérica

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ZETA, (EBRAHIM ASVAT)Los Estados Unidos han iniciado una nueva ofensiva para someter al resto del mundo a sus imperativos globales. La mundialización e integración a generado un movimiento comercial y productivo significativo en los países en desarrollo.

El crecimiento exponencial de la economía china en los últimos cuarenta años ha traído al escenario mundial a una nueva potencia económica con un producto interno bruto que pronto alcanzará a los Estados Unidos. Con tamaña magnitud económica automáticamente la convierte en un contrapeso a la hegemonía norteamericana.

Llama poderosamente la atención las declaraciones de altos personeros norteamericanos advirtiendo a los países latinoamericanos lo nocivo que pudiese ser una relación comercial más estrecha con China. Igualmente es insultante para los países centroamericanos las advertencias negativas por establecer relaciones diplomáticas con China cuando el resto del mundo las tiene incluyendo los Estados Unidos.

No hay que temer a China. Estamos demasiado lejos geográficamente, sin embargo, no descartemos las oportunidades económicas. Creo que podría haber más comprensión entre naciones víctimas del colonialismo que con los ex imperios invasores. Ese tipo de relación no podría ser perjudicial y conllevaría un buen balance.

Seria garante de mayor espacio de maniobra en la comunidad de naciones. Panamá como Centroamérica debe velar por sus propios intereses y los lazos de amistad con el Coloso del Norte no deben interferir en nuestras decisiones de contribuir a un mundo más equilibrado y productivo. China al igual que la India son países destinados a jugar un papel en el concierto de las naciones.

Les guste al mundo occidental o no. Sus tiempos son a largo plazo. Estos dos colosos han sufrido auge y caídas de imperios. Ambos tienen la característica de haber sobrevivido y vividos distintos períodos de gloria en la historia de la humanidad. Roma lo fue una vez, Grecia igual.

Ambos cayeron y no volvieron a resucitar en todo su auge y esplendor. Tanto China y la India si lo lograron por ende sus intereses se proyectan en espacios de tiempo más prolongados. Para China esperar 50 o 100 años es algo natural. Igual ocurrirá con la India cuando despegue.

La China dudo tenga, algún interés en ejercer una influencia hegemónica en la América Latina. Respetará el patio trasero americano y sopesará siempre su estrecha relación comercial con los Estados Unidos. En un mundo integrado las políticas internacionales deben ser comedidas y racionales. Hoy en día el establishment chino es el más racional en sus políticas frente al mundo.

China no es belicista. Por el momento no lo ha demostrado. No ha invadido a país alguno ni pretende ser el policía del mundo. Es natural que su impacto por el tamaño de su economía se haga sentir.

Las relaciones simbióticas con sus vecinos en el Este de Asia lo hacen un candidato natural para ejercer un papel protagónico y sustituir a los Estados Unidos en esa región geográfica. Pero eso no impedirá a los Estados Unidos continuar ejerciendo el rol de liderazgo militar en el mundo.

Es solo una cuestión de razas.

En 1905, Japón venció a Rusia en una guerra.

En el mundo sometido al vasallaje europeo fue un despertar y un potencial aliento de posibilidades. Vencer al hombre blanco occidental y alcanzar la libertad una posibilidad para todos los pueblos oprimidos. Desde entonces los “otros pueblos” se desprendieron de esa humillante racionalización de ser “la carga del hombre blanco” (White man´s burden) .

Nos toca aprender que nuestra existencia y nuestro bienestar no están comprometidos con los designios de los Estados Unidos de América. Tenemos que abrir el compás.

https://es-la.facebook.com/notes/la-bitacora/china-y-latinoam%C3%A9rica/1942834729088390/

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Tags: Estados Unidos Latinoamérica