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Ernesto Cardenal, Thomas Merton y el Papa Francisco

ZETA, (MIGUEL A. ESPINO PERIGAULT).- La reciente muerte del conocido sacerdote nicaragüense, Ernesto Cardenal (01/03/20) a los 95 años, no podía ser menos controversial que su propia vida: Una parte, religiosa, mística, contemplativa, atada a una profunda espiritualidad de raíces monástica que lo llevó a ingresar, en 1959, en un convento cisterciense (Getsemaní, EE.UU) de la orden de San Benito, cuyas estrictas reglas originales nos llegan del siglo VI, caracterizadas por una espiritualidad fuerte, fundamentada en la oración y en el silencio, (ambiente propicio, éste, para escuchar a Dios). Estas órdenes religiosas se conocen como Cistercienses o Trapenses, según las sedes de conventos famosos (Cister o Trappe).

En el convento de Getsemaní, adonde ingresó en el año 1959, Cardenal conoció al monje norteamericano, Thomas Merton, reconocido poeta, escritor y humanista, comprometido luchador por los derechos civiles de minorías étnicas, en su país. Promovió, también, el diálogo interreligioso, sobre todo con religiones no cristianas 

La sólida amistad de Cardenal y Merton, basada en la misma Fe, en la poesía y en las luchas sociales, la expresó Merton al referirse a Cardenal como su “Hijo Espiritual”.
Cardenal estudió, también, en las universidades de su país y en Méjico, primero, y en la universidad de Columbia, en Nueva York.

La historia de los monjes benedictinos y sus conventos, constituye importante capítulo de la historia d de la cultura y la civilización occidental, conservada, estudiada y transmitida a través del tiempo.

Al dejar el convento cisterciense,

Cardenal se dedicó a la política y a promover la Teología de la Liberación; aunque seguía promoviendo grupos de oración entre campesinos de su país, en un centro creado por él en la isla de Solentiname, en el lago de Nicaragua.

En la biografía de Ernesto Cardenal ha quedado un episodio que refleja, la disciplina espiritual y del silencio y la oración monástica, en la que se formó el padre Cardenal.

El episodio sucedió durante la histórica visita del Papa Juan Pablo II a Nicaragua el 4 de marz de 1983. La prensa mundial registró el suceso. 

En su recorrido protocolar al llegar al aeropuerto de Managua, el Papa se detuvo ante el padre Cardenal, quien hacía fila como miembro del gobierno, y se dirigió al sacerdote con gestos recriminadores. El sacerdote se arrodilló y, con gesto humilde y en silencio, escuchó el regaño. Una escena fuera de serie.

Sobre la visita, periodistas y analistas políticos de la época señalaron que el Papa había encontrado un ambiente desagradable, preparado con fuerte ambientación política: pancartas y cantos revolucionarios y mucho ruido. El Papa tuvo que pedir silencio para hablar.

Poco tiempo después, Cardenal y otros sacerdotes serían sancionados canónicamente por la Iglesia, por sus actividades políticas.

El padre Cardenal se mantuvo bajo pena 35 años. Se apartaba poco a poco de la política y se sumía en la oración y en el silencio.

El sacerdote Murió con la bendición del Papa Francisco, a quien había solicitado el perdón por sus faltas. Al levantársele las sanciones que pesaban sobre él, Ernesto Cardenal fue objeto de hermosas manifestaciones de apoyo y, dos muy especiales fueron la del obispo auxiliar de Managua, y la del Nuncio (embajador) de El Vaticano. Ambos, de rodillas, pidieron al sacerdote que les diera su bendición.

Una petición que hizo brotar lágrimas al sacerdote.

Pero, en triste contraste con esta situación, tras la muerte de Cardenal, sus familiares y amigos tuvieron que recurrir a sepultar el cuerpo en secreto y en un lugar no divulgado, para evitar agresiones e irrespeto a su sepultura por grupos del gobierno. Todo esto, pese a medidas oficiales (Tres días de duelo nacional) ordenadas por el gobierno, como miembro distinguido que el sacerdote fue del régimen, al que sirvió como ministro de cultura. 

El padre Cardenal sabía lo que podía pasarle con gente de esa calaña. En unos versos de sus poesías políticas dijo, una vez:
Salmo 1

Bienaventurado el hombre que no sigue las consignas del Partido ni asiste a sus mítines

El Papa Francisco, quien levantó las sanciones al padre Cardenal, como este le solicitaba, veía con simpatías la abstención política del sacerdote vuelto a la oración y al silencio, propios del monje cisterciense.

El Papa Francisco conocía de las luchas políticas de Cardenal, t de las actividades sociales e interreligiosas favorables a las l relaciones al diálogo entre el cristianismo y religiones no cristianas.

Merton falleció el 10 de diciembre de 1968 en Bamgkok (Taylandia), en donde asistía a un reunión interreligiosa. 

Su muerte fue reportada como un accidente, al caerse en el baño y electrocutarse. Pero, circularon versiones de asesinato no investigado. Habría sido asesinado por fanáticos anti pacifistas.

Ha de destacarse, en memoria del padre Merton, que e Papa Francisco, durante su visita al Congreso de los Estados Unidos, en septiembre del 2015, en su discurso se refirió al “monje cisterciense, Thomas Merton”, como “Un gran norteamericano, que es fuente de inspiración espiritual”. 

Las vidas de los padres, cardenal y Merton, nos revelan cómo entendieron su misión de rezar y trabajar, dos sacerdotes poetas.

El Papa Francisco, que es poeta de la prosa, nos invita a reflexionar sobre ellos. 

espinomiguel21.gmail.com

Miguel Espino,