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El sueño panameño, ¿despertaremos?

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ZETA, (ELÍAS MANUEL ARANGO).- Se encontraron como era ya habitual, iniciando el período de elecciones, en la misma esquina del barrio a orillas de la misma calle, y ambos (políticos y votantes), sin distinguirse entre los fogonazos de las cámaras, entre banderolas y música estridente que anuncia la candidatura, se exigían una respuesta rápida a las necesidades del circuito.

¿Qué pasó?, ¿Cuándo?, ¿Nada Todavía? Dijo el más joven y el otro como si respondiera mil preguntas respondió: -No te prometo nada, déjame llegar y resuelvo, todo está en tu voto, si llego ya tú sabes-.

Y lo que podría ser una sentencia especulativa, creaba la desconfianza sempiterna entre ambos.

Es más, esa clave de entendimiento (contradictoria). Esas frases que no decían nada, no provocaban disgusto ni incomodidad, pero sí, sometían a cada uno a un tiempo de espera, quizá sea infinito o extremadamente discordante de la realidad.

 Nuevamente -No te prometo nada, ya sabes cómo están las cosas- y esto no cambia, cada vez empeora más, nos vamos al fondo del barril y con un no te prometo nada, debemos esperar a que sus promesas se cumplan. Me dicen, que no es cierto, que un “no te prometo nada”, es tan verdadero como decir que lo tengo todo bajo control y no pasa nada.

Yo, creo que en cualquiera de las dos situaciones, es un chorro de mentiras y pretextos. Además, es la forma más suave de lanzarse del “sálvese el que pueda”. Hoy, es común (el cinismo por delante) entre políticos y polítiqueros, (para nunca encontrar la ruta del proyecto nacional) y no se conviertan en rotundos “no te prometo nada”.

 Estoy harto de imposibles, de promesas, de frases vacías y repetidas, de reparar los daños y pagar las demandas causadas por mi gobierno,

Debemos gritar todos “BASTA YA” ante una pancarta con promesa repetida en el tiempo y que todos vemos como la marca de los que pasaron por allí, por el barrio y que firmaron su historia en el circuito con miles de promesas, con el tiempo desaparecen las fotos, los colores y letras, en algunos casos abandonados en forma desairada por el vecindario.

Encontré un aforismo de Henry Louise Mencken, el epigramista político estadounidense más profundo de la primera mitad del siglo XX que escribió: ¨Un cínico es un hombre que al oler flores inmediatamente busca un ataúd¨.

 

 

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