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El punto dulce de la amargura

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ZETA, (ELIAS ARANGO).- “Mi dulce país tiene un punto de amargura, no ha sido siempre así, se ha puesto. Mejor dicho: lo han puesto…”.

Estás palabras son las expresiones de múltiples voces con las que me voy encontrando, en una cotidianidad cada vez más difícil de sobrellevar. A pesar de esta dificultad, queda claro en estas palabras que nuestro fondo no es amargo, al contrario, es dulce, solidario y convivial.

En este sentido apostamos por lo que nos define como pueblo, no por el “accidente” que hoy estamos obligados a vivir.

Y esto, a pesar de un sistema político que abarca todos los aspectos de la vida, que somos sometidos a la fuerza pujante de la mentira. En el punto en que nos encontramos ya no hay instituciones que funcionen con “normalidad” aunque el gobierno diga lo contrario.

El otrora poderoso sistema educativo nos revuelca los oídos ya que a diario escuchamos y vemos a nuestros niños, profesores y maestros que no van a los centros educativos porque tienen "necesidades", o no pueden desplazarse porque carecen del transporte público (caro e ineficiente) que hoy para todos está totalmente colapsado, añoramos el tiempo en el que nuestros estudiantes asistían a clase porque tenían transporte, agua, comida, baños, mobiliarios y unos padres sin emergencia económica que favorecían su asistencia, hoy por la crisis en el transporte están obligados a trasladarse con pasajes de piratas y corsarios, y a dejar de estudiar. Que estudiar es hoy un lujo.

¿Dónde está el poderoso sistema educativo? Será mucho más poderosa la mentira con la que se construye una falsa realidad, pero su poder es efímero porque lo que va quedando en nosotros no es la palabra vacía; sino, la verdad de una situación que nos muestra un sistema educativo menguado y frágil.

El abandono de las infraestructuras escolares, de los niños y jóvenes quienes deberían estar formándose en sus aulas cada vez más vacías.

La mentira se proyecta y entra a ocupar la argumentación de cualquier estructura de este sistema.

Dicen: “soberanía educativa” y en la realidad lo que ocurre es que vivimos a diario la deserción escolar, la ignorancia, el analfabetismo, la desnutrición y desperdiciamos recursos económicos, por el alto costo de enviar a nuestros hijos a la escuela, los políticos logran construir “realidades” a su medida, cuidando por la integridad del otro. No hay salidas mágicas, el poder está en la gente común.

Punto de esperanza; “El objetivo principal de la educación es crear personas capaces de hacer cosas nuevas y no simplemente repetir lo que otras generaciones hicieron". Jean Piaget (1896-1980)

 

 

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