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¿Será un strike o pura bola?

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ZETA, (ELÍAS ARANGO).- La sociedad en el país de las mamaderas, mentecatos, y pusilánimes, del cual “todos” formamos parte, tan solo el “ñongo” no deja de sorprendernos con sus profundas contradicciones.

Se valoran aspectos como la honradez, la honestidad, la sinceridad y la transparencia, pero el éxito social, o al menos el económico, lo alcanzan con mucha frecuencia los tramposos, los mentirosos y los egoístas.

Diseñamos un complejo entramado de leyes para impartir justicia y luego nos las saltamos. Decimos, orgullosos, que las leyes son iguales para todos y luego permitimos que el qué acumula y tiene dinero, pertenezca a la clase privilegiada de premios y exoneraciones.

Pero últimamente el muy querido y apreciado ”ñongo” alcanza; en sus análisis, los límites históricos del cinismo social: elegimos democráticamente a políticos que han mentido y no hacemos nada para destituirlos cuando nos siguen mintiendo. Como es bien sabido, se ha incluso acuñado un término nuevo para justificar la mentira.

Lo llamamos ahora posverdad, señores, cuidado, ahora hay que cambiar los significados de las palabras para manipular, le damos más crédito a las emociones y creencias personales que a los hechos objetivos.

Pero cuando vemos que un político dice blanco y luego negro sin que los hechos objetivos hayan cambiado, y que eso no le acarrea dimisiones ni pérdida de apoyo o credibilidad, el “ñongo” que escribe y lee en estos medios, no sabe si cortarse las venas o dejárselas largas.

Está más que justificado, los hechos no cambian, pero los políticos los usan con descaro y a su antojo, los ignoran, los tergiversan y no pasa nada. Estos tipos de acciones provocan que seamos el hazmerreír en círculos nacionales e internacionales.

A estas alturas, los lectores informados sabemos que la cortina de humo solo se repite tratando de maquillar y justificar su propia realidad. Y la vida sigue. Y los mentirosos siguen en sus puestos, mintiendo. En el mundo político las mentiras acaban descubriéndose tarde o temprano.

Aunque nos digan que en política no pasa nada. ‘Nada de nada’. Ni legal, ni social, ni económicamente. Ni siquiera en los apoyos internos y externos, ni en sus niveles de credibilidad.

Claro que nos estamos refiriendo a una versión de país de la que muchos nos sentimos avergonzados y que anhelamos cambiar.

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